domingo, 27 de enero de 2008

El paraíso estuvo ahí



Filmar el silencio y hacer de la imagen una experiencia casi imperceptible,

no saturarla de datos, tan solo presentarla como la última caricia al arte.


Alguna vez tuve la certeza de estar frente ante la perfección estética,

cuando vi el filme “The Passenger” de Antonioni.

The Passenger Trailer - Antonioni




Entrevista con Gilles Deleuze: La Imagen-Movimiento


Cien años de cine..., y esta es la primera vez que un filósofo se propone enunciar los conceptos propios del cine. ¿Cómo interpretar esta ceguera de la reflexión filosófica?


– Es cierto que los filósofos se han ocupado muy poco del cine, y eso los que han llegado a hacerlo. Sin embargo, se da una coincidencia. En el mismo momento de aparición del cine, la filosofía se esfuerza en pensar el movimiento. Pero puede que esta misma sea la causa de que la filosofía no reconozca la importancia del cine: está demasiado ocupada en realizar por cuenta propia una labor análoga a la del cine, quiere introducir el movimiento en el pensamiento, como el cine lo introduce en la imagen. Más que de una posibilidad de encuentro, se trata de dos investigaciones independientes. A pesar de todo, los críticos cinematográficos, al menos los mejores, se convierten en filósofos desde el momento en que proponen una estética del cine. No son filósofos de formación, pero se convierten en filósofos. Esta fue la aventura de Bazin.


Su pensamiento está atravesado por la problemática de las relaciones entre cuerpo y pensamiento, ¿cómo excluir de tal problemática al psicoanálisis y su relación con el cine? ¿Cómo excluir a la lingüística y, en suma, a todos esos “conceptos ajenos”?


Es el mismo problema. Los conceptos que el psicoanálisis proponga en lo referente al cine deberían ser específicos, es decir, aplicables únicamente al cine. Siempre podemos relacionar el encuadre con la castración y el primer plano con el objeto parcial, pero no veo que eso pueda aportar algo al cine. Dudo incluso de que la noción de “lo imaginario” sea válida para el cine, que produce realidad. Se puede aplicar el psicoanálisis a Dreyer, pero esta aplicación, en este campo como en tantos otros, no añade gran cosa. Mejor sería una confrontación entre Dreyer y Kierkegaard, ya que este último pensaba también que todo consiste en “hacer” el movimiento, que sólo la “elección” podía hacerlo: esta decisión espiritual se ha convertido en un objeto apropiado para el cine. En nada nos ayudará un psicoanálisis comparado de Kierkegaard y Dreyer a la hora de avanzar en ese proble-[98]ma filosófico– cinematográfico. ¿Cómo puede llegar a ser objeto del cine la determinación espiritual? Es el mismo problema que, de modo muy diferente, encontramos en Bresson o en Rohmer, y en él está comprometido el cine en su totalidad, no un cine abstracto, sino el más emotivo, el más fascinante.espesor temporal, capas distintas de tiempo que coexisten, reveladas por la profundidad de campo, en un escalonamiento propiamente temporal.Lo que tienen de cinematográfico las célebres naturalezas muertas de Ozu es que expresan el tiempo como forma inmutable en un mundo que ya ha perdido sus referencias sensomotrices.


* Cinema, n.º 334, 18 de Diciembre de 1985, entrevista con Gilbert Cabasso y Fabrice Revault d’Allones

Paseo 1




Mis días gratos por la ciudad a veces mueren demasiado rápido. Ayer por la mañana, recorrí todas las librerías del centro, en la búsqueda del libro perfecto aunque en algunas ocasiones me decepcionen mis elecciones. Tenía en mis manos, dos novelas: “La náusea” de Sartre y “La posibilidad de una isla” de Michel Houellebecq. Tras varias deliberaciones internas, me decidí por los dos autores.
Al terminar mi compra, me acerqué a un bar y me quedé horas hojeando ambas obras. Llovió un instante, mientras bebía el último sorbo de mi café y me dispersaba en mi lectura.
Me sentí extraño y distante en mi lugar, como si la ciudad huyera de mis percepciones habituales.

A veces el desconcierto, me visita gratamente.

miércoles, 23 de enero de 2008

martes, 22 de enero de 2008

Mis días con Matilde ( lo cotidiano me vuelve humano)





“ Me podes cerrar la persiana? … persiana dije! ... escuchaste?”

En la radio suena un tema de Melero… creo que es “No dejes que llueva”.

“ Tenés forros? … mira que estoy ovulando… no podemos echar moco.

Enciendo el tele y en Cinemax pasan “Hannah y sus hermanas”. La veo un rato.


“ No creo que llegué bien al examen… estoy re-atrasada… es un momento heavy para mí este.”

Como el último durazno que hay en la heladera.

“Mañana tengo reunión con los chicos del grupo… no voy a estar a la noche”

Hay un par de revistas “Gente” sobre la cama. Las leo hasta la mitad.

Hacemos el amor. Ella ríe y yo me contagio.

Tengo sed.

Alta Suciedad



OH SÍ



hay cosas peores

que estar solo
pero a menudo

toma décadas darse cuenta de ello

y más a menudo cuando esto ocurre

es demasiado tarde

y no hay nada peor

que

un demasiado tarde.


Charles Bukowski

Filmar el alma



Los últimos cinco minutos de Bleu , justifican más que la película misma , el sentido del cine y del arte. En el final de Bleu, Krzysztof Kieslowski, reflexiona sobre todos los hechos más trascendentes de la existencia humana: el amor, la vida, la muerte. Nada parece permanecer ajeno en cada plano exquisito, orquestado por una cámara que vincula a la perfección imagen y pensamiento.
No me canso de ver ese filme, si bien me gustaron, Blanc y Rouge, siempre la tuve como mi favorita de la trilogía. Juliette Binoche _cuya mirada debe ser de las mejores, en la historia del cine_ no solo pone el cuerpo en Bleu, si la observamos con detenimiento, concluimos que el alma también fue de la partida.
¿Hay poesía después de Kieslowski?
Trois Couleurs: 'Bleu' finale